Manual para jóvenes con padres religiosos


Lo que sí me asustaría sería la necesidad de un "Manual para padres con hijos religiosos". Bufff... un escalofrío me acaba de recorrer la espalda...
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El síndrome del Rey Mendigo

Nota del cuervo del blogmaster: de los mismos productores que os trajeron el Síndrome del Monkey Island o el Síndrome del Divino Adorador, aquí llega una nueva entrega de las idas de pinza psicológicas de Radagast.

No sé si lo sabéis, porque no sé si os interesa la literatura épica fantástica, pero dentro de menos de dos meses se estrenará, por fin, la serie "A Game of Thrones", basada en la megaexitosa saga "Canción de Hielo y Fuego". Si sois habituales de Imprudencia Temeraria, el blog de Condesadedia (que de vez en cuando se deja caer por aquí), habréis leído los pormenores de la saga y de la serie casi casi al instante de producirse las noticias sobre cualquiera de las dos. Que tiene medio centenar de posts sólo de eso, la jodía, jejeje. Y se le agradece (y además hace vídeos chulos, como éste que puse hace tiempo).

Bueno, el tema, y perdón por el pequeño "espoiler" (del prólogo del primer libro) que sigue, pero si no lo pongo es posible que no se entienda la desbarradura mental que sigue.

Resulta que en esa saga hay un lugar llamado Poniente que acaba de sufrir una rebelión y un golpe de estado. Desde hacía mucho tiempo gobernaban los Siete Reinos los reyes de la familia Targaryen, pero el último, Aerys II, estaba un tanto loco y se dedicaba a joder a todo el mundo. Del estilo de freír al hombre que es tu fiel mano derecha en una parrilla o matar a las prometidas de tus vasallos. Un amor de tío, vamos. Y resulta que unos cuantos se alzan en armas contra él y hay un lío de fliparlo y al final lo deponen (y lo matan, claro). La saga empieza unos 10-12 años después de eso (perdón para los puristas por la inexactitud de las fechas). Bueno, pues la cosa es que dos hijos del Rey Loco escapan de la matanza: Viserys (un niño pequeño) y Daenerys (una recién nacida), que pululan allende el Mar Angosto intentando recabar dinero y apoyo para reconquistar Poniente. A Viserys se le llama, por ello, el Rey Mendigo. Un rey sin reino que vaga entre las cortes de los demás reyes suplicando ayuda, mostrándose abyecto y orgulloso a la vez, una combinación bastante odiosa. Incluso llega a entregar a su hermana (apenas entrada en la pubertad) a uno, con la promesa de que gracias a ello le coronarán, a Viserys, con oro. Y vaya si lo hacen... echándole oro fundido por la cabeza...

Y aquí empiezan mis reflexiones, jajaja.


Hay gente que tiene unos comportamientos muy bien definidos. Lo cierto es que hay gente de la que casi se podría asegurar al 100% cómo se iba a comportar en determinadas situaciones. Son muy simples, pese a las apariencias que puedan tener.
Uno de esos comportamientos yo lo llamo el Síndrome del Rey Mendigo o Síndrome de Viserys Targaryen.
Se trate de gente que tiene una opinión de su propia importancia y valía bastante mayor no ya de la que tienen, sino incluso de lo que los demás están dispuestos a considerarle. Porque es cierto que hay muchas personas que se sobrevaloran continuamente, pensando que son más de lo que son... pero también hay mucha gente que de verdad piensa que es importante y además piensan que los demás le ven como importante... y resulta que no es más que un curioso fenómeno local al que se mira con una mezcla de pena, diversión y paciencia.
Cualquiera que viva en Salamanca conoce al famosísimo Francisco Corrionero, alias "el V Virrey de Sicilia". Un ejemplo perfecto.

Pinchad para explorar todos sus detalles. No tiene precio.

Pero hay más por ahí pululando, por supuesto.
Todos y cada uno de ellos se tratan a sí mismos con condescendencia y deferencia, lo cual es algo bastante chocante de ver. No todos hacen lo mismo con el resto de personas que les rodean, pero eso da igual. Tiene que quedar claro que ellos se ven a sí mismo como Reyes, Emperadores, Dioses... No es que se hayan convertido en dioses, entiéndase. No han alcanzado el estatus "divino", pero ellos sí se consideran tales. Y, por supuesto, la mayoría actuará con exagerada e hipócrita humildad, recordándoles a todos a cada momento (tal vez varias veces en una misma conversación) que es una persona humilde y sencilla pero... Supongo que la clave de todo es ese "pero...", ¿verdad? Siempre se les pilla, a esta fauna (y a otra mucha), por ese "pero...".

Otra de sus características es el rodearse de gente importante, o que él ve importante, claro. No importa si la corte es de reyes de verdad o no. ¿Donde estaría el Rey Mendigo sino en las cortes de medio mundo, codeándose con condes, duques, marqueses...? Un Rey Mendigo necesita suplicar, pero debido al estatus que cree tener no lo hace en la puerta de una iglesia, sino junto al trono de alguien. Siempre dará su opinión, una opinión de "alto standing", claro, en cualquier conversación que ocurra en las cortes que frecuenta. Y cuando digo "cualquier conversación" es eso: cualquier conversación. Da igual de qué se trate. Agrimensura sobre conos de derrubios, escultura con mondadientes, novela rosa eslovena o cine indonesio independiente. Pero, y que quede claro, no se trata de que él tenga razón. No. No es uno de esos tipos que creen que saben de todo. No, lo importante aquí es el hecho de que él tiene una opinión y que la da con humilde actitud en el foro de la corte, donde todo son buenas palabras, sonrisas corteses y mucho abaniqueo. Que quede claro que él está ahí y que tiene derecho a estar... demostrándolo a la menor oportunidad.
Es curioso, pero... los Reyes Mendigos suelen aparecer en cortes dirigidas por una Reina. Aunque puede ser explicable si este hecho lo unimos a lo siguiente.

Viserys Targaryen... un pobre loco.

La última de sus características es hablar con un lenguaje cuidado, como propio de la caballería victoriana, sea cual sea la situación. Como normalmente considera que se encuentra "entre pares del Reino", no le importa hablar como lo hace. De hecho lo considera normal. ¿Que alguien no le entiende? Es evidente, piensa para sí, porque en toda corte hay pares y suplicantes. Y él es un par, un rey, no un miembro del vulgo que viene a suplicar migajas. Y entiéndase que utilizo la expresión "lenguaje cuidado" en su máxima extensión, y es aplicable al tema del que se trate (tema que domine o no, claro, pero ya hemos visto que eso da igual). Eso suele llevar a un comportamiento pedante, claro, de ésos de libro. Hay muchos que además tienen la absoluta seguridad de que las Cortes son estancas. Esto es: no existen los mensajeros, los murmullos, las conspiraciones externas... todo lo que le da salsa a la vida cortés, vamos. Por tanto se dejan ver a la vez en Cortes declaradas mutuas enemigas, o realizan sus comentarios y aportaciones de forma opuesta en varias de ellas... El caso es que al final siempre se les acaba descubriendo, pues no son muy sutiles. O, tal vez, no le den importancia a tal hecho, ya que, en realidad, ellos también son Reyes.

Ahh... ¿cuántos Reyes Mendigos hay por ahí? Muchos. No voy a decir tantos como cortes, porque es evidente que un mismo Rey Mendigo suplica "reynitud" en muchas cortes diferentes. Hay que decir mucho también de la paciencia de los Reyes y las Cortes instauradas que, cuando se dan cuenta de que se les ha colado un Rey Mendigo, normalmente le tratan con amabilidad e incluso hasta contestan a sus comentarios. Porque deshacerse de un Rey Mendigo es prácticamente imposible. Él quiere estar ahí, no hace falta ni que le hagan caso mientras él pueda demostrar que está ahí. La única manera sería eliminar lo que le da vida, es decir, deshacer la Corte Real... pero, ¿qué Rey o Reina querría hacerlo?
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Fíjate en ese tirillas...

...que menea las canillas.

Vamos a relajar un poco el ambiente y presentaros a "Engendro" un grupo... que es un engendro.
Y mola.
Mucho.

La letra aquí.
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Carta a Alejandro Sanz

Nota del cuervo del blogmaster: esta carta no es del pringao del dueño de este blog, que quede claro. Aunque Radagast comulgue casi al 100% con lo que dice la presente carta al cantante Alejandro Sanz, su autor es el abajo firmante, creador de Sonicando. Lo aclaro por si alguien pensaba lo contrario.


Hola Alejandro,

Hace muchos días que ando dándole vueltas a la ley Sinde, a los derechos de autor, y leyendo tus desafortunados tweets. Ahora que tengo las tres cosas juntitas, me gustaría cometarte algunas cosas.
Soy científico, joven investigador del Centro Nacional de Biotecnología y actualmente “Visiting Assistant in Research” en la Yale School of Medicine, en New Haven, Conneticcut.
Trabajo en el desarrollo de  vacunas para el tercer mundo, centrando mis esfuerzos en la Leishmaniasis, una enfermedad olvidada que mata e incapacita en África, Asia y Sudamérica. Y aunque no lo sepas (y muchas personas no lo saben) es esa enfermedad que hace que miles de pobres niños tengan el vientre hinchado y mueran. La misma que hace que sus padres no puedan trabajar. Entre nosotros, ese tipo de enfermedades que hace que el tercer mundo siga siendo tercer mundo.
Cuando consigo que mi trabajo funcione, tras muchísimas horas de laboratorio, intento publicar mis resultados. ¿Sabes lo que pasa cuando lo hago? Que la revista se queda con todos mis derechos de autor. CON TODOS. Si quiero, no sé, poner una figura de mi trabajo en algún otro formato, tengo que pedir permiso. Por mi figura. Por mi trabajo. Y te hablo de figuras en blanco y negro. En color no podemos pagarlas.
¿Sabes por qué? Porque PAGO POR PUBLICAR. Sí, en serio, lo hacemos. Mi laboratorio tiene que pagar para poder difundir los avances científicos que puedan curar a esos niños o a sus padres en el futuro. PAGO POR PUBLICAR y tengo que pedir permiso por mi figura, por mi trabajo.
Ahora podrías meter en 140 caracteres que luchar por mis derechos no me impide que tu lo hagas por los tuyos, yo seguiría leyendo.
Desde que el hombre es hombre, desde que el ser humano es humano, ha demostrado que necesita expresar sus sentimientos. Y de ahí surgió el arte. También, al mismo tiempo, surgieron las preguntas de qué hacía aquí. Los famosos “de dónde vengo, quién soy, y a dónde voy”.
Y es que las dos cosas, ciencia y arte, son humanas, pero no por ello profesiones.
Mira, no sé, 100 o 200 años atrás. El arte lo hacía el que podía permitírselo. Y la ciencia también. Hasta Darwin descubrió el origen de las especies en un tour por el mundo, en el que vio que los pinzones de unas islas tenían los picos más grandes que otros. La gran revolución científica vino de un viaje de alguien que pudo permitírselo.
Ahora, industria mediante, los artistas cobran por entretener y los científicos cobran por descubrir cosas. Una maravilla para los que no somos de familias ricas y queremos hacer ciencia o arte.
Yo me he quejado y mucho de mi falta de derechos. De intentar defender lo que ahora, para mí, es más que un reconocido trabajo. Y también creo cosas.
La diferencia es que yo con un salario tengo. Y lucho por un salario digno. QUE ME PAGUEN POR MI TRABAJO. No creo que tenga sentido que me paguen tiempo después por mis logros. Te recuerdo que lo que yo quiero es una vacuna para la enfermedad en la que trabajo. Y pagar mis facturas. No quiero ningún rendimiento extra que no me merezco. No quiero derechos de autor, quiero que mis avances sigan derechos a conseguir su objetivo.
Entiendo que quieras que te paguen por tu trabajo. O que defiendas tu caché en los escenarios.Y supongo que debes negociar lo que te paga una discográfica por grabar un nuevo disco. Pero cobrar también impuestos sobre los CD´s, discos duros, lo-que-sea que la S.G.A.E quiera inventar para sangrar al ciudadano medio, perdóname muy mucho, pero yo, lo veo excesivo. Intentar lanzar una ley que te permita cobrar más de lo que te toca porque la industria que a ti te trata bien se está muriendo, lo siento, pero no. Limitar las libertades individuales para maximizar vuestro beneficio no es justo.
¿Sabes por qué tengo un blog de divulgación científica? Para que el mundo vea que la ciencia es importante. Para que posiblemente en el futuro sea una profesión digna. Yo no busco hacerme rico. Yo no quiero recortar libertades. Yo lucho por cambiar la industria que hace que mi actual profesión me obligue a tener otra con la que, juntas, poder pagar las facturas.
Y por favor, no vuelvas a comparar los derechos a recibir medicamentos de los niños pobres con el derecho a declarar culpable de piratería a diestro y siniestro. Que ya lleváis demasiado tiempo cobrando por ello. Renovaos o morid. Pero no creo que debas compararte con los que de verdad mueren aunque de vez en cuando reciban tu dinero.

Atentamente,
Lucas Sánchez.

(Vía: http://sonicando.com)
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