Bichejo

Alejado de la vida blogueril como he estado, no he podido hacerle un homenaje como es debido a una de las grandes de este pequeño pero vasto universo virtual. Me refiero a Bichejo.
Aunque en un principio ni leía su blog, por parecerme excesivamente superficial (de una superficialidad tonta, de hecho), una vez llegué a conocerla personalmente esta denominación desapareció. Me di cuenta de que Bich es, efectivamente, superficial. Pero de una superficialidad profunda. Esto es, que a pesar de su máscara de Hello Kitti y de los corazoncitos y el buenrrollismo general, hay mucho más debajo. Y tampoco hace falta excavar mucho para encontrarlo. Si no, ¿cómo podría yo, un rojo-de-mierda más ateo que Hume, entablar una discusión sesuda con alguien que se declara creyente y de derechas? Además... a los dos nos gusta discutir por el mero placer de discutir. Si hubiera de verdad un puesto de "Abogado del Diablo" tendría que competir contra ella por él y me lo pasaría en grande durante el proceso. Estoy seguro de que ella me dejaría algo de ventaja, que yo uso posavasos. Y eso siempre es un punto, ¿o no?
Porque hay que decir algo más: como anfitriona no tiene rival. Y cocina genial. Si sólo eso no la predispone a mi favor... Acoge tanto a personas como a animales. Incluso a patos indignos.
Joder, si es que esta chica lo tiene todo.

También mi felicitación por su cumpleaños.

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JADP

Y vuelta al ruedo.
Tal vez os acordéis de este anuncio:


O de este otro:


Dejando aparte el hecho de intentar vendernos un vehículo, estos anuncios venían a decir que teníamos una generación de gente joven bien preparada y dispuesta a comerse el mundo. Era la "Generación JASP". Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados. Se acabaron los hippies de los 70. Adiós a los yuppies de los 80. Ahora vienen los JASP. Tiembla mundo.
Eran los 90 y los de mi generación empezábamos a segregar saliva sólo de pensar en el estupendo futuro que nos aguardaba. El instituto terminaba ya y la Universidad iba ser un ancho paseo que, al igual que una pista de aterrizaje, nos iba a permitir echar a volar. Conquistar el cielo con un solo giro de muñeca, vaya. Habíamos sido educados en la democracia, en la libertad de enseñanza, en la posibilidad de elección. Teníamos más conocimientos en nuestras cabezas que nuestros padres a nuestra edad. Estábamos preparados para llegar donde habían llegado ellos y superarles sin reducir siquiera la marcha.

Maldita publicidad...

¿Qué ha sido de esa generación? Hipotecas a 50 años los que tiene suerte. Mileuristas los que llegaron primero. En paro el resto. Y los que no están en el paro trabajan en algún puesto que está muy por debajo de su capacidad. Es una generalización, por supuesto, y no se debe tomar mi declaración como un reflejo exacto de la realidad. Pero le anda cerca, no creáis.
Nada de JASP. Somos la "Generación JADP". Jóvenes Aunque Demasiado Preparados. Si la anterior generación lucía orgullosa sus diplomas en la pared que estaba justo detrás de su mesa del despacho, los nuestros siguen enrollados en un cilindro de cartón en lo alto de una estantería. Junto con los postgrados, los másters, los doctorados...
Hay que decir que todos esos títulos que tenemos (y que nos hemos ganado, joder, que aquí nadie regala nada) nos han hecho soñar con remuneraciones altas, posiciones privilegiadas y demás. Es lo que tiene: si te permiten soñar, sueñas. Si te dan las herramientas para volar... te quejas de que no te dejen ni entrar en pista.
¿Sabéis lo que le han ofrecido a un colega mío con una licenciatura y un máster? Y con una preparación muy similar a la mía... 10.000 € brutos al año por una jornada de 7 horas, partida en mañana y tarde (con las extras prorrateadas). ¿De verdad piensa alguien que tal y como están las cosas uno puede independizarse con eso? ¿Y además ahorrar? Y eso que no tiene a nadie dependiente de él.

Hoy me acaba de llegar una carta de la universidad. Ya tienen mi título, el del máster. Sólo tengo que ir a pagarlo y me lo puedo llevar a casa.
Todavía tengo sitio en mi estantería.

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Dejadme en paz, putos TdJ

Al llegar casa sobre las 14:00 pm (hora zulú +1) pensaba que la mañana había sido totalmente normal. Lo de siempre, vamos. Nada raro o extraño.
Pero hete aquí que lo que yo pensé que era un incidente sin importancia relacionado con no haber sido lo suficientemente veloz como para ponerme los pantalones, iba a ser algo digno de mención.

Pongo en antecedentes: en el barrio en el que vivo tenemos un cartero al que los chavales del instituto llamábamos "La Hormiga Atómica". ¿Por qué? Pues porque es bajito, pequeño, menudo, de extremidades flacas y cuerpo algo contrahecho. Y una cabeza enorme. Que se hace todavía más enorme con el casco amarillo de los trabajadores de Correos... Y va en moto. Amarilla.

Bueno, el tema es que el hombrecillo éste no suele dejar las cartas en el buzón. No al primer intento. El primer intento es llamar a la puerta a ver si hay alguien para darle las cartas en la mano y aprovechar para interesarse por la salud de la familia, la cantidad de facturas de diversas entidades bancarias y cosas de ésas. Vamos, lo que todo el mundo llama "cotillear".
Y se le da muy bien. Lo sabe casi todo de todos. Creo que cuando se jubile (no le quedará mucho) le voy a echar de menos...

Esta mañana, a eso de las 9:30 am (hora de la Costa Este +6), llaman al timbre. "El cartero", pienso. Yendo yo en calzoncillos, lo suyo era que me pusiera pantalones para abrir la puerta, ¿no? Tardé un poco más de lo esperado porque, cuando bajé las escaleras y abrí la puerta, ya no había nadie. Bueno, qué se le va a hacer.

Sobre las 12:00 am (hora de las antípodas +12) salí de casa con la sonrisa puesta (que hoy me he levantado contento de verdad)... y me he ido a echar currículums (nada de curricula, que aquí somos personas decentes). Nada de interés por esa parte: "Sí, gracias, lo tendremos en cuenta. Y si sale algo ya le llamaremos...". Si me dieran 10€ cada vez que me lo dicen, no necesitaría buscar trabajo.

A las 14:00 pm (hora de comer en casa, aunque no en la mía), vuelvo a mi hogar-dulce-hogar. Como siempre, abro el buzón para sacar el correo... Y mira tú que a quien no tuve tiempo de abrir no era el cartero, no...:


 

Sobre cerrado, que es en cuanto he visto tanto el destinatario como el remitente... he pensado: "BLOG". Así que sin trampa ni cartón.
Abro y me encuentro con:




Valeeeeeeeee. Bien. Estaba claro que era algún fanático religioso. De fijo, vamos. Sólo con el sobre ya se olía. Pero me sorprendió, la verdad, no encontrar una carta de amenaza de "El Forro de la Familia"...
Pero es que había más, y eso terminó de disipar mis dudas:


 

Genial. Ya no hay dudas. Pero, por si acaso:


 
Que digo yo: que se vayan a la puta mierda, hombre. Que me dejen en paz. Que se vayan a llorarle a su dios inventado a su casa, que se escondan bajo sus imaginarias faldas todo lo que quieran. Pero que me olviden. Que no, que mi alma no está en venta (más que nada porque no tengo... que si no, la habría vendido, sí, pero por una buena cantidad de dinero).

Esta historia me ha recordado aquello que le pasó a Copépodo.
Que digo yo... ¿por qué no me deja notas gente del tipo de Siesp? Prefiero que me envíen cartas diciéndome que las creencias son equivocadas, dándome pruebas de ello, que me llenen el buzón de cosas que tienen menos interés que las ofertas del Carrefour.
Y digo más... ¿para cuándo los "Ateos-Puerta-a-Puerta"? "Le desmontamos su religión en menos que canta un gallo. Gratis, sólo la satisfacción de ver cómo el mundo deja de ser un poco menos irreal".

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El fin de Crepúsculo



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